Cuando
yo tenía 11 años y cursaba sexto año de primaria, un compañero de clase llamado
Isacc era mi mejor amigo. Yo no sabía que él estaba profundamente enamorado de mí, lamentablemente
yo no sentía cariño alguno por él, que no fuese el de un simple amigo, Isacc
continuó intentando ganarse mi corazón. Así transcurrió todo el ciclo escolar
hasta la llegada de las vacaciones de semana santa.
Mi
novio en ese entonces tenía ojos claros, era alto y en particular su cabello
era sumamente rizado, me cautivaba tanto que no podía dejar de decirles a mis
amigos lo mucho que me gustaba su cabello. Al regreso de las vacaciones Isacc
llegó con su cabello rizado, se hizo la base para que su cabello se pareciera
al de mi novio. Él pensaba que con el cabello ondulado atraería mi atención y
así podría conquistarme, pero yo solamente veía a Isacc como mi mejor amigo. A
la hora del recreo se acercó a mí con una carta, en ella me confesaba su amor y
también me preguntaba si quería ser su novia y si así con el cabello
ondulado ya lo iba a querer.
Me
pareció un detalle muy lindo de su parte arruinar su cabello con químicos para
llamar mi atención, ya que cuando una persona en realidad te quiere no le
importa hacer el ridículo o cualquier locura con tal de agradarte y hacer lo
imposible para que te fijes en él. Lo más feo y cruel de todo era que todos mis compañeros de clase se
burlaban de Isacc, y eso en cierta forma me hacía sentir algo mal pues yo no
podía corresponder su amor de la misma forma.
Al
día siguiente contesté su carta. Le escribí que solo podía ser su amiga
porque el amor y la obsesión son dos cosas distintas que a veces logran
engañarnos, y que yo en realidad solo podía verlo como mi mejor amigo. En
persona le agradecí lo que hizo por mí,
le di un abrazo, le comenté que no podía pasar nada puesto que yo tenía a mi
novio. Afortunadamente lo acepto, nuestra amistad continuó como si nada hubiera
pasado, pero yo sabía en el fondo que él me quería y que sufría al verme con
otra persona.